Génesis 29:20: "Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba".
La dulce espera del amor
Aquí el padre de la novia pone la siguiente condición: era necesario comprarla, así que él la compra con siete años de trabajo. Imaginémonos lo que son siete años. En siete años un joven estudiante de Medicina alcanza a completar toda su carrera. En siete años un muchacho se convierte en joven y un joven en adulto. Sin embargo, a Jacob "le parecieron como pocos días, porque la amaba".
¿Qué podemos sacar como conclusión de aquí? Tú sabes, los tiempos cambian, las costumbres cambian, pero los principios de Dios permanecen. ¿Cuál es el principio aquí? Que el amor genuino no varía, permanece, y que puede esperar. De tal manera que no hay tal cosa como un amor genuino y puro, que sea al mismo tiempo tan apasionado, tan avasallador que obligue a dos jóvenes a casarse ahora ya. No existe eso.
El amor genuino, el amor de Dios puede esperar todo el tiempo. Como es genuino no tiene el problema que tiene el oropel, que se corrompe y se oxida. El amor genuino es como el oro. No importa que esté al viento, y sujeto a todos cambios de temperatura, y a todas las circunstancias. Permanece igual. Ese es el principio.
Veamos un poco más acerca de este amor. Efesios 5:25: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella."
De todas las cosas grandes que se dicen en este versículo, vamos a rescatar una frase, la que dice "y se entregó a sí mismo por ella." El amor genuino no tiene todas las flechas y todas las direcciones enfocadas hacia el "yo", sino que todo apunta hacia el "tú". De tal manera que el amor posesivo, el amor sensualista que busca deleite, y que busca el ensalzamiento del ego, ese no es amor.
¡Pero hasta aquí no hemos dicho nada aún acerca del verdadero amor!
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Nuestras vidas tienen varios sistemas. El propio modo de abordar a la vida, ya es un sistema en sí mismo.
“Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre.” (Romanos 11:36, BLA).
Una mente cristiana es una forma de pensar, es una manera cristiana de mirar todas las cosas, tiene una perspectiva cristiana renovada por el Espíritu Santo.
“Boga mar adentro y echad vuestras redes para pescar” (Lucas 5:4). Los discípulos habían estado pescando la noche anterior sin ningún resultado. Pero al día siguiente Jesús los anima a llevar las barcas al fondo del mar, donde había mayor profundidad. 



















